Lo que se proyectó como un tributo eterno en las estrellas para 166 personas terminó en una reentrada dramática sobre el Pacífico. La misión Peregrine Mission One, que transportaba cápsulas conmemorativas de la empresa Celestis, sufrió una anomalía crítica en su sistema de propulsión pocas horas después de su lanzamiento en enero de 2024. Aunque el cohete Vulcan Centaur cumplió su fase inicial, la fuga de combustible en el módulo de aterrizaje impidió que la carga alcanzara su destino lunar.
Ante la imposibilidad de completar la trayectoria, los ingenieros de Astrobotic, en coordinación con la NASA, tomaron la decisión de dirigir la nave hacia una reentrada controlada en la atmósfera terrestre. El 18 de enero de 2024, los restos de la misión, incluyendo las cenizas de entusiastas del espacio y figuras de la ciencia ficción, se desintegraron sobre el Océano Pacífico Sur, transformando un monumento celestial en un inesperado entierro marino.

