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LAUREL en Entrevista: La cultura es un campo en disputa, abandonarla es perderla
Entrevistas

[ 06.11.26 · 11 minutos lectura ]

LAUREL en Entrevista: La cultura es un campo en disputa, abandonarla es perderla

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¡Aquí si hablamos de política porque claramente conocemos nuestras raíces! Y para esto, la Dj-productora bogotana pone al servicio las ciencias políticas a las diferentes expresiones del underground. Le hicimos algunas preguntas a Laurel previo a su presentación en la Libertad Electrónica Masiva: Freedom se prepara para recibir una de las alineaciones más revolucionarias de todos los tiempos y es nuestra responsabilidad como danzantes honrar todas estas expresiones a través de la investigación, la escucha y la lectura profunda… Te conviene quedarte hasta el final

  • Eres DJ, productora y politóloga: ¿cómo más te gusta presentarte y cómo se entrelazan esas disciplinas en tu vida?

Me gusta presentarme simplemente como Laurel. Mi nombre real es Laura, y de ahí viene mi nombre artístico: quise que el proyecto naciera de la raíz, etimológica y simbólicamente. Por eso es una extensión de quien soy, y así me presento. Respecto a otras etiquetas, como la de artista, yo puedo desear crear o proponer arte, pero para mí esas categorías las otorga el público. Lo que sí puedo decir es qué hago: tengo un proyecto musical, toco y produzco, y estudié ciencia política y también música durante una parte de mi vida.

Para mí no son disciplinas separadas, porque todas parten de lo personal. La música es una extensión de lo que soy: un reflejo, una gota de agua de mi persona. Soy alguien que hace parte del mundo, y lo que me atraviesa me hace reflexionar y reafirmar mis principios, como persona, frente a la música y a la forma de relacionarme con los demás. Por eso el género con el que conecté y del que me enamoré hace años, el techno y el underground, tiene unos estatutos que trascienden hacia lo político, lo colectivo, lo humanista y hasta lo espiritual, si se desea.

Eso se refleja en cada parte de lo que hago. Como DJ, la música que suena es mi forma de comunicar y de conectar con quienes bailan. Como productora, crear mi propio sonido es una forma de decir algo desde lo que soy, con honestidad. Y la ciencia política me da la mirada para entender que lo político no está solo en los gobiernos, los partidos o la figura del Estado, sino en las decisiones cotidianas: cómo decides trabajar, con qué comunidad, qué espacios habitas y cuáles no. Decidir llevar el proyecto de una manera honesta ya es una decisión política en sí misma, y va ligada a la ética profesional. Por eso todo se entrelaza desde lo personal.

  • Cuéntanos sobre el proyecto Nyxxia Movement, el colectivo donde eres cofundadora y que trabaja por la escena electrónica más equitativa y diversa ¿Que hacen allí y cómo?

Nyxxia Movement nace de la necesidad de crear más espacios para artistas con otras características y de resaltar su talento. Estos espacios han sido mayoritariamente masculinizados y, aunque las cosas han cambiado positivamente con el tiempo, cuando empezamos hace casi tres años coincidimos en que faltaban rostros diversos a quienes se les diera oportunidades por su talento, y no solo por cumplir una cuota.

Por eso hemos organizado eventos con enfoque FLINTA, noches protagonizadas por artistas mujeres y disidencias, y hemos programado a artistas de estas identidades. Además, hemos curado noches para que otras DJs tengan lugar en clubes reconocidos, con el espacio y el reconocimiento que consideramos merecen, al igual que en diferentes podcasts y transmisiones.

Pero en Nyxxia pensamos de manera transversal: la equidad también se construye fuera de la pista. Lo hacemos a través de espacios culturales, como los talleres gratuitos que hemos dictado en colaboración con otras artistas de la escena, y de espacios de conversatorio y discusión.

Y no solo desde el DJing: hemos colaborado con VJs, fotógrafas, promotoras, diseñadoras gráficas, empresarias y emprendedoras, que son parte fundamental del ecosistema y que también es importante apoyar y visibilizar. Finalmente, trabajamos con colectivos y marcas a nivel nacional e internacional que comparten la visión de crear redes y apoyo para las personas FLINTA. Para Nyxxia, la equidad se construye en toda la cadena, no solo en el cartel.

  • En una entrevista argumentas como la música es definitivamente política porque entre otras razones resaltas que esta ha servido para retratar las realidades, resistir ante poderes hegemónicos que reprimen las libertades, sirve como escenario de inclusión y borra desigualdades, y en últimas, porque ha sido un espacio seguro para algunas comunidades ¿cómo crees que se puede hacer más visible este mensaje con el fin de evitar los estigmas sociales que aún nos acompañan en los espacios underground?

Creo que se hace más visible en la medida en que no dejemos de nombrar, en voz alta y desde distintos frentes, por qué estamos aquí: por el amor a la música y también por la comunidad que se gesta alrededor, con vínculos de apoyo, de amistad y más. Esto no es solo una fiesta ni un lugar donde se pone música. Es una forma de vida que conecta a las personas con su manera de pensar y de existir, y eso hay que preservarlo.

Por eso es fundamental recordar los valores y la raíz de esta música: de dónde viene, quiénes la fundaron y por qué. El contexto es clave para entenderla. La música electrónica nació de comunidades marginadas, con el house en los clubes de comunidades negras, latinas y queer de Chicago y Nueva York, y el techno en Detroit, de la mano de artistas afroamericanos. Hablarlo es recordarlo y revivirlo, y así mantenerlo vivo en la acción: quienes ya lo saben lo recuerdan, y quienes no lo conocen lo aprenden y lo aplican. Conocer ese origen es lo que hace que los valores se repliquen y que el espacio pueda sostenerse en el tiempo.

Y eso tiene que verse en la pista: el respeto, la diversidad, la aceptación y el cuidado por las demás personas. Un espacio seguro para todas, todos y todes ya es una posición política, y es lo que permite que el underground se preserve. Pero un espacio que quiere cuidar a su gente necesita límites, es decir, saber filtrar. Todas las personas son bienvenidas siempre que compartan esos principios; quienes no los comparten simplemente no deberían estar ni frecuentar el espacio, y está bien.

Frente al estigma, creo que es importante reconocer la música electrónica como lo que es: un género musical con su propia historia, su comunidad y su cultura, y no solo un espacio de consumo, como muchas veces se ha querido presentar. Estos espacios son positivos para quienes saben vivirlos y entenderlos, y aportan a la sociedad y a la cultura. Son un refugio frente al entorno sociopolítico que atraviesa a la comunidad en cada momento de la historia, y le dan a quienes muchas veces quedan por fuera, a los underdogs, un lugar seguro donde pasar su tiempo y ser libremente quienes son.

El underground es la semilla y la raíz, donde la gente se reúne a bailar sin importar de dónde viene ni quién es afuera. Esto va más allá de ser simplemente una fiesta: durante años ha acogido a personas de toda índole en un solo sentir, el amor al baile y a la música. Y en los tiempos actuales, resistir desde lo que nos une es más importante que nunca.

  • A propósito, hace poco vimos que en Colombia el Ministerio de Cultura anunció una “batalla cultural a las artes” que no considera afines a su ideología política y censuró algunas piezas en el Museo Nacional que exponen conquistas de las comunidades LGBTIQ+, otras donde se muestran logros frente a derechos humanos, procesos de paz en el país etc. ¿Cuál crees que puede ser una postura de las comunidades alternativas frente a esto?

Lo veo como parte de un malestar global: el avance de una ultraderecha que busca no solo segregar a las comunidades disidentes, sino censurarlas. Hay que recordar que las personas disidentes siempre hemos existido y hemos aportado a la historia, el arte y la cultura durante siglos. Como mencionaba antes, la música electrónica misma nació de comunidades negras, latinas y queer: sin ellas, hoy no existirían las pistas que llenan el mundo. Y lo mismo ha pasado en otras artes como la literatura y la pintura, con figuras como James Baldwin, Federico García Lorca o Frida Kahlo, que ocuparon espacios desde sus identidades disidentes.

Esto ha sucedido a lo largo de la historia y nos muestra que el arte es símbolo de crítica, resistencia, expresión y manifestación frente a gobiernos totalitarios y ultraderechistas. Es la antítesis de los preceptos y las narrativas que estos gobiernos pretenden promover y cimentar en las sociedades, a modo de “corrección”. La expresión “batalla cultural” remite justamente a la idea de hegemonía cultural de Gramsci: quien controla los símbolos y las narrativas moldea el sentido común de una sociedad. Por eso este tipo de gobiernos lo primero que atacan son el arte y la cultura, porque desde ahí se gestan la crítica y el cuestionamiento al poder, y lo que buscan frenar son precisamente las personas críticas y pensantes.

Por eso nuestra postura no puede ser solo resistir, sino ocupar espacios: mostrarnos más, crear más, sin miedo. Y también consumir más arte crítico, como literatura, teatro, cine y, por supuesto, mucha música, apoyar a quienes lo hacen y dejar que nos interpelen. Si la cultura es un campo de disputa, abandonarla es perderla, y creo que hoy, más que nunca, es el momento del arte, mucho arte. No nos van a borrar.

  • En esa misma conversación tuviste la valentía de contar la resistencia que le has tenido a la exposición, y al ser dj, definitivamente muchas personas te van a poner en el centro. Creemos que este puede ser el momento para recalcar que en el centro se pone es a la música, no a las personas ¿Ayúdanos a expandir esta idea con tu experiencia en los escenarios?

Yo también creo que la música es el centro de todo, y en eso se basa mi proyecto y me esfuerzo para que así sea. Lo que hago es una extensión de quien soy, y lo transmito por medio de la música para que las demás personas conecten con ese sentimiento. Por eso ser DJ es ser la herramienta, el puente que lleva a la música: a la exploración, la comunicación y la conexión entre las personas presentes en la pista de baile. Es un ritual, una comunicación no lingüística pero profundamente palpable y presente en los seres humanos: la danza.

Eso lo he vivido y presenciado sobre todo en espacios donde no se permiten fotos ni videos, como CRTR en Proyecto Kinder y en clubes de Berlín como Sisyphos y Europa en general. Mi experiencia es que cuando nadie lleva las redes sociales a la pista, el espacio se cuida más y se vuelve más seguro y más libre, y la gente se vincula mucho más con la música y con quien la toca. Se va a bailar y a escuchar: los espacios se ambientan con pocas luces, y el DJ muchas veces está en un rincón o en una zona con poca iluminación, porque el centro es la música. Sin duda alguna la gente está más conectada: se entra en una burbuja donde se detiene el tiempo y simplemente se está presente, bailando o tocando.

Además, vivimos en una sociedad de la exposición, donde todo tiene que mostrarse para valer, y estos espacios hacen lo contrario. Cuando nadie está pendiente de mostrarse ni de ser mostrado, nadie se siente observado ni juzgado, y eso permite soltarse. Ahí he tenido las mejores experiencias de mi carrera hasta ahora y se ha afianzado ese amor profundo que compartimos en ese momento: todos al ritmo de la música. Esos recuerdos se quedan en la memoria y en el corazón. Con eso basta.

  • Compártenos un par de sesiones que escuchas en tus momentos más íntimos de relajación y cuéntanos que influencias (no) electrónicas aportan a tu proceso creativo

Esto es algo de que escucho en mis momentos más íntimos:

Mis influencias (no) electrónicas tienen algo en común: la autenticidad, música hecha desde lo personal, sin pretensiones.

El jazz es de mis géneros favoritos. Me gusta su historia y la belleza de su improvisación; Kind of Blue me acompaña desde la adolescencia y Bitches Brew me encanta por cómo mezcla el jazz con el funk. El R&B me acompaña desde siempre: como estudié canto, es mi espacio para conectar, soltarme y cantar, casi entrar en trance, y Daniel Caesar es de mis artistas favoritos. Del hip hop de los 90 me quedo con Biggie, un clásico que dejó huella. Amy Winehouse y Mac Miller me inspiran mucho porque hicieron sus proyectos desde la autenticidad y el amor a su música. El post punk, con IDLES y Viagra Boys, es rebelde y disruptivo, y sus letras de crítica social me reconectan con mis posturas. Todas estas influencias me recuerdan que se puede crear un proyecto musical y hacer música desde lo personal, de adentro hacia afuera, sin miedo.

Entrevista realizada por Daniel Tamayo Mendoza

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